Blog de Aitor Herrero Larrumbide

En este blog encontrarás muestras de trabajos gráficos y audiovisuales. Puedes utilizar las etiquetas para seleccionar el contenido.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La Habana ( IV.)




Una de las playas del Este fuera del circuito turístico es la Playa de Bacuranao.
(Exceptuando un resort en el que por la música y los aullidos de animadores que salen por los altavoces se intuye que algo está pasando al otro lado de la valla)
La principal diferencia con cualquier playa "primermundista" es la falta de atrezzo. Ni sombrillas, ni toallas (se ven pocas, la mayoría de la gente se sienta sobre las chancletas) ni balones de plástico, ni pedales, ni colchonetas, ni banderas verdes...desgraciadamente tampoco se ven papeleras, esa normativa de una papelera cada 25 metros aquí aún no ha llegado.
Otra gran diferencia es la ausencia de barrigas, sobre todo en los hombres. Hay que admitir que  entre la genética y el trabajo que pasan día a día cargando cosas de un lado a otro, se han fabricado unos cuerpos que aquí no consiguen ni los que van  al gimnasio y se hinchan a batidos energéticos.





A destacar también el pudor en cuanto al vestuario. A nadie se le ocurre hacer top-less, niñas incluídas, y el bañador en los hombres es más un pantalón corto que otra cosa. Prácticamente nadie lleva un bañador de pata corta o  de slip, también llamado "calentito" (con ese nombre cualquiera se lo pone, claro...) También ves gente que directamente se baña vestida, pero puede ser que no tenga otra cosa para ponerse.
El agua, a temperatura corporal. Se ven  pocas personas nadando, más bien a nadie. Todas se quedan en los dos primeros metros de costa, hasta donde cubre y el resto de agua me lo dejan a mi, que nado feliz como una sirena.

La venta ambulante te proporciona frituritas (pueden ser por ejemplo fideos de pasta fritos) y cucuruchos de maní. No sé cómo con la fruta tan rica que tienen a nadie se le ocurrió pasearse con una cesta de mamey o mango, se la hubiera comprado entera... También a la entrada de la playa hay gente que vende ron de dudosa calidad. Mucha gente se pasa el día en la playa bebiendo, por eso no conviene ir a última hora de la tarde, el viaje de vuelta en guagua puede resultar incómodo.





El último kilómetro y pico antes de llegar a la playa se hace en coche de caballos, el que puede costearlo. 
Aunque  es barato (2 pesos) hay  gente que nota el gasto y prefiere ir caminando.





Otra de mis rincones costeros preferidos, y al lado de mi alojamiento habitual, es la bahía de Cojimar.
Cojimar es un pequeño y bonito pueblo de pescadores, conocido por diversas razones:
En 1945 pescaron allí el mayor tiburón blanco de la historia (6.5 metros)
Hemingway tenía un yate aquí aparcado tripulado por Gregorio Fuentes, el viejo de su novela famosa.
El castillito de Cojimar, construído para defenderse de los piratas y corsarios.

Pero aparte de estás simpáticas anécdotas, es tristemente conocido porque en las decadas de los 60-80 Cojimar fue un punto de salida hacia EEUU de balseros que se tiraban al mar en neumáticos o cualquier cosa que flotase, sufriendo el escarnio de "compañeros" que les despedían a gritos de "gusanos, gusanos", e intentando salvarse de la metralla de tropas guardafronteras castristas que velaban para que sus ciudadanos no llegarán a las costas del enemigo.

Quién sobrevivió a esto y a los tiburones y prosperó en el Yuma (palabro acubanado de  "iunait esteits") es ahora envidiado por la mayoría de los que se quedaron en tierra. Paradojas de la vida.






Cerca de la costa está El golfito, donde antes como su nombre indica, había un golfito(golf tamaño playmobil) y ahora solo queda el bar, muy bonito por cierto.


5 comentarios:

Máximo Cano dijo...

Habrá que acercarse un día por ahí...no?

j O R d i V a L B u E n A dijo...

Muy bonicos Aitor, recuerdos desde la France!

El caimán de Legutiano dijo...

Maxi, avisa que te irás cargado.

Jordi, muchas gracias, un abrazo desde Valencia!

Francisco Feria dijo...

Apenas leyendo lo.que escribes de mi tierra. Y se que muy tuya también. Un abrazo,

Frank

Francisco Feria dijo...

Las ilustraciones no tienen desperdicio Cuñado. Simplemente geniales. Quien haya estado ahi sabe de lo que hablo.